19.10.09

 

para leer y dejar de chuparla


I

Aceptemos que los siglos XIX y XX pueden sintetizarse en una aseveración: como parte vivificante de la cultura, la información es política. Empecemos considerando que por política no se entiende la inclinación partidaria y ni siquiera la institucional-republicana de la información (de la cultura).

II
Otra aseveración: en el siglo XXI, la politización de la cultura devino culturización de la política. Y la información -acá hay un plagio inspirado- un producto sintético (como las drogas de diseño) cultural.

En el carácter sintético de la información pueden integrarse todas las variantes de circulación a través de las distintas redes sociales.

Dentro de las redes sociales, la información es diseñada en términos A: estético-técnicos (¿cómo vemos la información en las redes sociales?) y en B: términos ideológico-políticos (¿quiénes delinean la información en las redes sociales?).

Sobre A sólo puede recordarse -con las ventajas y desventajas del caso- que el medio, más que nunca, es el mensaje. Sobre B la cuestión es más delicada. La preocupación actual de las empresas privadas de información es analizar los modos de capitalización de los caudales caóticos de datos e intereses del público.

III
¿Pero qué es -porque el quiénes ya está definido: quienes están online- el público?

Para el interés privado, el público es una masa homogénea, caprichosa e indeterminada de voluntades erráticas. La misma entidad sobre la que el Mercado instaló su imperio de horizontalismo discursivo a finales del siglo pasado.

Lo que fue deseo del Mercado, hoy es una prioridad operativa para las empresas privadas de información. Su discurso analítico suda el deseo obsesivo de eliminar jerarquías y valores en un summun indiferenciado de consumo que permita acoplarse “a lo que el público quiere para sí”.

IV
Por supuesto: la discusión atraviesa interesantísimos tramos filosóficos -si la filosofía tuviera un objeto de estudio contemporánedo, deberían ser los modos como se crea información-, pero su único fin es comercial.

Otra aseveración: si no todo, un altísimo porcentaje de la información circulante es inútil.

Y otra aseveración: el campo de acción de la inutilidad (lo no utilitario) es el arte.

V
La discusión sobre los contenidos y sus modos de circulación en las redes sociales es un tema necesariamente del orden de lo artístico. Específicamente, del orden de lo literario. Y esencialmente porque -como ellos mismos reconocen-, ni siquiera los editores de medios web saben a qué le están hablando cuando hablan de información (y por eso mismo, la siguen chupando).

Minúsculo, inútil y poderosamente calificado, la ventaja del público literario es que existe de un modo condensado y productivo.

Y si hay una respuesta al searching desesperado del interés privado, su esbozo -como tantas otra veces- nace de la literatura.

¿Qué es lo que puede quedar de la literatura en una era donde la información inútil es socializada a través de los emprendimientos Wiki, los blogs, Internet, los medios de comunicación flexibles y las secciones de interés general de los grandes diarios tradicionales? (Un mundo perdido, A. Soifer )

De manera que, así las cosas, los personajes quedarían en plano diferenciado. Una intertextualidad delicada. Porque las noticias, como signos, apenas los evocan. Y ellos, en cambio, son –es decir: hablan sólo en función del rol de estas noticias. Un sistema de personajes prácticamente sin historia (Para leer El Caníbal, Gordo Gostanian)

Dicho lo cual, no se me ocurren motivos más urgentes para leer una novela argentina como Los amigos soviéticos.


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28.9.09

 

gorjear, parlotear


1.

Hay un parámetro cuantitativo que sólo puede existir sobre las redes sociales como fenómeno paralelo -aunque el tema sería extenso- al auge de la sociedad del espectáculo. Por supuesto, no se trata de lo espectacular en términos de “estrellato mediático” sino de lo espectacular en términos de un colocar a la vista del otro.

2.

Twitter recicla ese vicio cuantitativo de otras redes sociales en la categoría narcisisticamente tranquilizante del follower y la reinserta en un ciclo de extensión permanente de interlocutores. El salto fundamental del sistema Twitter -en comparación con las otras redes sociales- consiste en convertir lo cuantitativo en cualitativo.

Sobre esto puede decirse que Twitter funciona antes como un modelo rizomático de discursos que como un modelo de discursos en red. Este tema también sería extenso.

3.

La limitación a los 140 caracteres -el gorjeo del ave- no es un lujo ligado a cierta aristocracia del lenguaje. Tampoco es recomendable ligar la idea de limitación a la idea de un perfeccionamiento del discurso. Nada demasiado importante puede decirse en 140 caracteres por la sencilla razón -hay ejemplos netamente visuales- de que las ideas importantes ocupan mucho más que 140 caracteres.

¿Una comunicación de 140 caracteres -nanoblogging- es necesariamente una comunicación de interlocutores idiotas?

Por lo pronto, es una comunicación que encadena al lenguaje a una función utilitaria. De ahí su éxito inmediato en el rubro -un rubro que se familiariza cada vez más con la idea de la retracción- del periodismo profesional.

¿Las redes sociales no existen para garantizar discursos perfectibles?

Este tema también sería extenso.

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14.9.09

 

elogio de un terrorismo


Hay una intervención en la escritura digital que conserva el golpe de efecto de la inmediatez y la visibilidad cariñosa de las vanguardias más añejas (pienso en la Mona Lisa de Marcel Duchamp y en los retratos reales atravesados por Harpo Marx).


Esa intervención es el defacing.

El defacing no es la versión digital del vandalismo callejero. Tampoco debería forzarse el paralelo con el stencil, que comenzó su curva de existencia con el mensaje intencionado y terminó en el fascismo supernumerario de la publicidad.

El defacing es esencialmente una queja pictórica.

La instancia estética del comment de un blog.

Es una marca de subversión no de un orden -el defacing no desordena, el defacing sólo altera: marca el estar ahí de una disidencia del Otro- sino de un tipo específico de generación de la información.

Y nada hay bajo el imperio de la lógica digital que no sea su única institución omnipresente, omnívora y omnisciente: la información.

Se me ocurre proponer al defacing con algo del gesto antiestatario del urinario de Duchamp contra la Institución del Museo como Rectora del Arte. Pero también olvidar los trazos de la mera continuidad -que siempre es conservadora- y pensar el defacing como algo más contemporáneo: una instancia accesible, inmediata y muy sencilla de un necesario terrorismo.

Debidamente miniaturizado, necesariamente cotidianizado, justificablemente necesario, el defacing también es el terrorismo más ciudadano y civilizatorio posible ante un horizonte dominado por el credo de la Sacrosanta Institución de la Información.

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9.9.09

 

el legado histórico del Kirchnerato


Para la mediocracia, la instauración del lenguaje crítico -desatado con toda la violencia del cine de terror zombie- sólo es posible cuando los universales abstractos se acaban. Entonces se comienza a hablar.

Lo interesante -es decir: lo que debería colisionar contra la doxa e interpelar a la opinión pública y a sus formadores- es la naturaleza nunca abstracta del tópico de la corrupción. Si uno accediera a considerar al Kirchnerato como un relato político (concepto que debe usarse con pinzas), no sería honesto obviar el rol de la corrupción como personaje casi vitalizador de su épica.

El elemento corrupto fue el primero -y en todo relato político suele ser el único- que instaló al Kirchnerato bajo el dominio de su propia naturaleza pragmática.

El discurso pulido de las reivindicaciones históricas y las reparaciones derecho-humanísticas sólo pudo volverse rugoso a partir de los casos concretos de corrupción.

Y una propiedad de la rugosidad es volver más tangible a su objeto.

Ese punto ciego en el relato kirchnerista, la corrupción, fue inmediatamente visible. Nunca fue un abstracto inasequible. De hecho, fue casi inmediatamente lenguaje.

De esto hace ya mucho tiempo.

Sin embargo, el tema se vuelve pragmático en sí mismo cuando de la filosofía idealista del lenguaje mediático se pasa inmediatamente a la filosofía fenomenológica de los intereses de las corporaciones mediocráticas.

Las corporaciones no callan -no callaban- lo que no hay por decir.

Callan -callaban- lo que la textura misma del relato político corrompible del Kirchnerato vuelve silencio a cambio de la satisfacción de sus necesidades. Que son, fenomenalmente, financieras.

Con una visibilidad pública fuera de lo común, las profundas y complejas aristas de una confrontación directa entre las instituciones de una democracia y los aparatos de control mediático de las corporaciones será, si no el único, el principal debate que el Kirchnerato deje servido como legado histórico.

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31.8.09

 

paradoja de la Crítica a la Razón Kirchnerista


La paradoja de la nueva
Crítica Omnipresente a la Razón Kirchnerista que comenzó a ejecutar el Grupo Clarín está en la recursividad. El público consumidor de diarios de papel -que no termina de ser, para terror de los esperanzados, ni el electorado ni la ciudadanía- está saturado por razones estrictamente cronológicas del discurso idealizado de la corrupción kirchnerista.

La denuncia, entonces, se vuelve extremadamente recursiva.
Para confundirse, inevitablemente, con lo ya sabido.
Por lo tanto, ninguna denuncia despierta nada. Para, incluso, llegar a aburrir.

Si el kirchnerismo es un objeto cultural complejo, la discusión interesante -y por lo tanto fuera del discurso posible de la prensa- habrá de ser mediante qué estrategias puede un polo de poder privado opositor, como el Grupo Clarín, intervenir en el devenir político y público del oficialismo.

Hasta que estas estrategias no se vuelvan efectivas, el denuncialismo del Grupo Clarín gozará de la misma trascendencia pública que las intervenciones intelectuales de Carta Abierta.

La situación es perfectamente traspolable al problema de la oposición partidaria.

Sin articulación real, sin poder de convocatoria, sin receptores efectivos del mensaje, oposición política y
denuncialismo de prensa giran en el mismo vacío.

Por lo tanto, el kirchnerismo se complejiza culturalmente aún más.

Tanto, estimado Mavrakis, que a veces uno siente las ganas un poco hidalgas de sujetar la garrocha y lanzarse hacia el otro lado. El de lo interesante.

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27.8.09

 

XIII observaciones sobre Stallman en Buenos Aires

I

Ingenieros informáticos muy correctos que inventaron una excusa durante el almuerzo para escaparse de sus empresas y escucharlo. Seguidores devotos de la tecnología -los “techies”- recién levantados pero ávidos de su filosofía libertaria. Hackers huraños y programadores privados compenetrados con la posibilidad de burlar a los “monopolios colonizadores” de la industria digital. Todos hacen la misma fila de dos cuadras de largo y se sientan en pleno mediodía del martes 25 para escuchar en persona a Richard Stallman.


II

Richard Stallman. Neoyorkino, excéntrico ingeniero formado en el MIT, padre del sistema operativo “alternativo” GNU, fundador primitivo del sistema operativo Linux -por el que después le negararían toda paternidad-, agitador del “copyleft” -némesis del copyright- y orador controvertido a favor del software libre.


III

Teatro Alvear. Doce del mediodía. Laptops encendidas. Wi-fi exclusivo para más de 500 oyentes. Descalzo, con su típica camisa de colorado anárquico y su barba de profeta herético, Stallman camina hasta el escenario y de inmediato acciona el pensamiento alternativo que lo hizo célebre en todo el mundo: en un castellano perfecto pide que las luces caigan siempre sobre el público. Inmediatamente después, dice: “A los usuarios de computadoras se les enseñan criterios prácticos de uso, pero se olvida lo ético. ¿Quién piensa en la clase de libertad que provee un programa?”


IV

No es la primera vez que Stallman y sus peregrinos a favor de volver públicas las licencias y patentes del código fuente de todos los programas de computación que rigen la vida cotidiana se congregan en Buenos Aires. Esta vez, la excusa fue “Wikimanía 2009”, el evento digital que entre el 26 y 28 de este mes trajo desde decenas de países a distintos contribuyentes de los proyectos de la Fundación Wikimedia.


V

Que la estadía de Stallman no goce de la publicidad masiva de los grandes polos empresariales tampoco es casual. Él es la clase de programador que llama “funcionalidades malévolas” a los artilugios técnicos con los que empresas como Microsoft (que el año pasado facturo 65.000 millones de dólares) “restringe y vigila a sus usuarios” una vez que compran sus productos. También es la clase de analista digital que no duda en burlarse de Amazon (19.000 millones de dólares facturados el año pasado) diciendo que “consumieron un año entero de ironía” al eliminar en forma remota de los dispositivos de sus clientes todas las copias electrónicas que habían vendido (sin pagar los derechos de autor) del libro “1984”, de George Orwell.


VI

No se debe esperar la buena voluntad de las compañías -dice Stallman-; lo que debe sostenerse es la libertad propia”.


VII

"La programación se hace y se aprende modificando pequeñas partes de grandes programas".


VIII

"Los que aceptan sistemas injustos siempre llaman extremistas a quienes quieren cambiar las cosas".


IX

Para el Movimiento por el Software Libre, la batalla es entre el “software privativo” (privado) y el “software libre” (público). Quien controla el software controla las comunicaciones y el acceso a la memoria social. Por lo tanto, el control de los programas es también un asunto político. Si cada usuario pudiera mejorar por sí mismo los programas, adaptarlos a sus necesidades y distribuirlos en su comunidad, dice Stallman, entonces realmente habría una democracia. “Desde 1983 la mía es una iniciativa a favor de la libertad del ciberespacio y de todos sus habitantes contra la dictadura de los programadores”, dice Stallman. Antes pide que, por favor, descuelguen de los palcos las banderas con el logo de Linux. “Nada debe decirse ante un gran pingüino”.


X

El deber moral de un programador es rescatar a quien lo necesita. “Excepto si se trata de George W. Bush (el público ríe), o el ex vicepresidente Dick Cheney (el público ríe más) o algunos generales argentinos (el público aplaude); pero yo no sé nada”, sonríe Stallman.


XI

Para el fundador del sistema operativo libre GNU, en el mundo actual derechos humanos e informática son necesariamente compatibles. “¿Cuáles son los derechos humanos que un usuario merece al usar un programa?”, pregunta para provocar. “La mayoría de las computadoras que los ministerios de educación donan a sus escuelas primarias vienen con el sistema operativo Windows instalado por defecto: así funciona la primera dosis gratuita de lo que más tarde serán adultos adictos al software privativo de Microsoft. Si Ecuador ofrece computadoras con software libre en sus escuelas, ¿por qué el ministerio de Educación argentino no puede hacerlo?”


XII

Stallman no sólo revulsiona mentes con una retórica ideológica de trinchera virtual. También “evangeliza” con su alter ego, San iGNUcio (mezcla de “Ignacio” y “GNU”), “santo de la iglesia de Emacs” (uno de los primeros editores de texto, creado por Stallman), dispuesto a bendecir con su sotana y su aura hecha con un viejo disco las computadoras de los seguidores. Stallman recita una frase de Fe: “No hay otro sistema que GNU y Linux es uno de sus núcleos”. San iGNUcio no pide celibato sino “una vida de usuario ético” y, por las dudas, está dispuesto a “exorcizar computadoras con software privativo”.


XIII

Ingenieros, techies, hackers y programadores ríen a carcajadas y se preparan para participar de la subasta inmediata del pequeño peluche de un ñu (que suena como GNU) que llegará a los 240 pesos. ¿Qué representan Stallman y su ideología? “Representa los valores comunitarios del trabajo en equipo”, dice Sebastián (25), estudiante de ingeniería en sistemas que acepta que Stallman puede sonar a veces como un fundamentalista, “aunque su idea de la tecnología como una receta que pasa libremente de mano en mano sin el final único del lucro siempre es interesante”. Después, el mismo hombre barbudo y descalzo que enfrenta a las empresas más poderosas del mundo va a sacarse fotos y cantar: “Únete y comparte / software libre / libre serás, libre serás”.


Bibliografía sugerida:

Berry, David. Copy, Rip, Burn: The Politics of Copyleft and Open Source. Pluto Press, 2008.

Moody, Glyn. Rebel Code: Linux and the Open Source Revolution. Basic Books, 2002.

Stallman, Richard. Free Software, Free Society: Selected Essays of Richard M. Stallman. Free Software Foundation, 2002.

Williams, Sam. Free as in Freedom: Richard Stallman's Crusade for Free Software. O'Reilly Media, 2002.


Copyleft 2009


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20.8.09

 

colapso absoluto


"Porque no es posible que sólo el que pueda pagar pueda mirar un partido, que además secuestren los goles hasta el domingo aunque pagues igual, como te secuestran la palabra o te secuestran las imágenes, como antes secuestraron y desaparecieron a 30 mil argentinos".


El colapso absoluto del imaginario kirchnerista: la instancia de la verguenza ajena.

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