11.5.08
nunca más volveré a Londres

Chitraksh
Durante mi estadía de diez días en Londres, recibí un correo electrónico con dos noticias. Una buena, otra mala. La buena era que había vuelto a activarse el frente agrario ante las medidas extorsivas del Kirchnerato montonero contra el campo argentino. La mala era que el Kirchnerato, aunque en un avanzado estado de degradación y derrumbe, continuaba en pie.
Si sólo la cerda hubiera estado cerca de Marylebone, le habría ordenado de inmediato a mi joven guía indio -Chitraksh- que la hiciera desaparecer en algún oscuro callejón camino a Paddington.
«Aunque de nada serviría en este momento, my young fellow, porque del rincón planetario de barbarie del que yo provengo, los únicos “desaparecidos” son los que secuestra el propio gobierno para fraguar desesperados espacios de publicidad».
Chitraksh –veintidós años, tez aceitunada, estudiante de enfermería y brazos firmes como el ancla de cualquier nave imaginada por John Keats- me mostró su risa blanca como el marfil.
«Yes, yes indeed, Mr Mavrakissss…».
La ignorancia es un patrimonio universal de la servidumbre en todo el mundo, así que di por sentado que Chitraksh, a pesar de su innegable buena voluntad, a pesar de la vastedad profunda de su mirada, a pesar, incluso, de la firmeza amable con la que me conducía en ese momento del brazo –y por apenas unas pocas libras extras–, por Baker Street hacia Old Marylebone Road, no sabía de qué me estaba hablando.
«Your body of pale ebony pleasures my yes, but your mind of rat punishes my spirit, Chitraksh».
Jardines de Sussex
Un bus de camino por Gloucester Place pasó ante nosotros.
Chitraksh –cuya sonrisa marmórea se había borrado– tomó mi cámara fotográfica y la apuntó sin consultármelo hacia la máquina.
«I have not come here to portray the transport of the mass, my beautiful dark angel…».
Chitraksh –atravesábamos ya los jardines de Sussex, bastante más dañados que la última vez que los había visto– enfundó mi cámara ofendido y estrechó con más potencia su brazo con el mío.
Chitraksh era un perrito torpe pero cariñoso, tal como me lo había descrito un miembro del staff al organizar mi paseo en Buenos Aires.
Sus palabras exactas habían sido que Chitraksh era “un joven con el tipo de docilidad moral ideal para un hombre como usted de visita por Londres, señor Mavrakis”.
Eso era tan cierto como que el cuerpo desnudo de Chitraksh, a la luz tenue de cualquier hotel de Bunhill Row, habría exacerbado hasta la incandescencia cualquier descripción de los indios de Emilio Salgari.
Aún así, arrebaté a Chitraksh mi cámara.
Y comencé a tomar mis propias fotografías.
En Edgware Road y Marble Arch, justo sobre una de las entradas de Hyde Park, disparé mi cámara por accidente, apuntándola contra un grupo de hombres de entre los cuales sobresalía uno –al que Chitraksh debió, bajo mi orden, correr apresurado para preguntarle el nombre– con saco claro, cruzado y adorable.
-Would he like to pose close to the entry of the park for my recollection of London? –volví a ordenarle a Chitraksh que le preguntara al joven del bellísimo saco con botones dorados.
Aceptó posar “sólo para mis recuerdos”, por supuesto.
También sonrió cuando le confesé que, de tener algo que decir en el Speaker´s Corner –apenas a unos metros de distancia, sobre Cumberland Gate–, mi única declaración habría sido que ni todas las Falklands juntas podían valer lo que un solo segundo bajo la luz de sus párpados.
Chitraksh no quiso volver a tomarme del brazo.
Hasta que deslicé otras cincuenta libras hacia su mano.
My assistant does not have manners
La manzana del Wellington Museum, unos minutos de caminata después, ubicaron ante mi lente a un dios de ébano que borraría a Chitraksh de mi mente por el resto de la semana.
-Ask the black young man dressed as a sailor if it he would not invite me to sail, Chitraksh. Go right now and I´ll give you another fifty pounds!
Chitraksh y el joven negro se entendieron rápido.
Water, water, everywhere,
And all the boards did shrink;
Water, water, everywhere,
Nor any drop to drink.
No esperaba que el joven de ébano, con su exquisito atuendo de marinero, reconociera los versos de Coleridge brotando de mi boca mientras me acercaba para presentarme.
-My assistant does not have manners. Forgive it. My name is Mavrakis.
-My name is Saul…
-Can I take a photograph? There are bodies that should remain in the museum...
Saul apretó sus labios gruesos y miró las baldosas grises a mis pies.
El flash de la cámara sobre sus ojos hubiera podido confundirse con relámpagos alrededor de una deidad negra. No fueron los únicos relámpagos del día.
Frente al Lambeth Palace, un joven asiático con un traje a cuadros posó con su paraguas mientras hablaba por teléfono. En New Kent Road, más tarde, conocí a William, que se jactó de parecerse a Grigori Yefimovich Novy. «Oh, you mean monsieur Rasputin…», comenté mientras contaba los cuadros de su traje.
Aunque nada ni nadie me hacían imaginar que, sólo unas pocas cuadras más adelante, conocería al maravilloso Rick Van Deer.
That curious man
East Street y Thurlow.
Chitraksh, reacio a continuar nuestra recolección viva de souvenirs –“Tell me if you are not an illegal immigrant, Chitraksh!”–, me anuncia que después de las siete de la tarde le corresponden otras cien libras por cada hora de su acompañamiento. «Mister Mavrakissss, my masculine night companionship is more expensive». Todos los malditos terrosos del mundo quieren sólo eso: dinero. No se conforman nunca con nada más que el sucio dinero.
-Well, my dear, you must earn it…
-Serve yourself, Mister Mavrakisss- balbuceó el sucio Chitraksh.
-See that curious man with yellow glasses over there?
-Oh yes, Mister Mavrakisss…
-Fuck it for me, Chitraksh.
La luz tenue del Compitt Hotel, en Bunhill Row, volvió a recorrer una vez más la espalda desnuda de Chitraksh. Rick Van Deer –sesenta y siete años, coreógrafo retirado de París, amante esforzado y fumador compulsivo de cigarros Montecristo– rastrillaba con su bigote blanco los rincones de mi amigo indio con más fervor del que supe que tendría al momento de fotografiarlo, ante la panadería vienesa de East Street. «I love international bridges!», gritó una hora y media después, al salir de la ducha. Chitraksh dormía ya el sueño de los cautivos sobre sábanas baratas y descartables, como él. «Deberíamos envolverlo con esa mortaja y arrojarlo al Támesis, mon amant ami. Como a toda esta caterva de invasores fuliginosos y lascivos que corroen a la nación más civilizada del mundo».
-Oh, oh! Yes! –se entusiasmó sin contratiempos Rick. El entusiasmo comenzó en la vibración de sus cejas y fue descendiendo como la lava de un volcán a lo largo de todo su cuerpo, apenas cubierto por una toalla ante la cama donde Chitraksh, entre sueños, ya comenzaba a balbucear algunos quejidos–. Would you coincide with me with that these Indians are the cancer of the Queen, monsieur Mavrakis?
A diferencia de Jacques, cuyo cuerpo apolíneo –lo sé– es la envidia viva de toda mi claque en La Biela, mister Rick Van Deer exultaba una masculinidad distinta. Algo en él –tal vez nunca lo sepa– capturó mis pensamientos desde el momento que estrechamos nuestras manos, y más adelante, cuando nuestras manos estrecharon al resto compartido de nuestros cuerpos. No eran su elegancia ni su presteza aquellos misterios en él; detalles ante los que Jacques, lo sé, se hubiese impuesto de tratarse de un certamen de machos cabríos –dispuestos a complacerme a mí como a su mutua Venus desnuda–. Eran la seguridad, la persistencia, la experiencia de mi nuevo london partner Rick las que me cautivaron al instante. «Arrojemos a esta escoria de Shiva al Támesis ya mismo, Rick». Lo amortajamos vivo y con las fundas de dos almohadas lo atamos de pies y manos. Una vez paralizado, Chitraksh se despertó y comprendió todo. Hay algo natural en ignorar la mirada de terror de cualquier indio. «Arrojemos a esta escoria de Shiva al Támesis ya mismo, Rick. ¡Ya mismo!»
-But first, my argentinian friend… You must show your respect to the cane of the King.
-¿El bastón del rey, Rick?
-The royal sceptre.
-¿El cetro re…?
Y la toalla color pastel cayó a sus pies.
Poco había de metafórico en aquello del “cetro”.
Nada en aquello del “bastón”.
-You must love the King to serve the Queen…
De nada sirvió mi pedido de socorro a Chitraksh.
Tampoco mi intento de arañar la cabecera de la cama mientras Rick me sometía a la voluntad masivamente curva y venosa de su “expansión imperial”. «Are you interested in a photography of this?», llegué a discernir que decía Rick, al tiempo que bufaba y rastrillaba su bigote incontinente contra mis omóplatos primero y contra mi cadera después. Chitraksh lagrimeaba acostado a un metro de distancia de donde mis entrañas se desgarraban al compás de los empujones ofensivos de Rick.
-Not to my master! –lloraba mi joven amigo indio, a través de la sábana fría y blanca que le cruzaba la boca–. Not my master!
Mis pies se elevaban de la alfombra cada vez que Rick arremetía con grandeza quebrantadora contra mi delicada masculinidad. Cuando sonó mi teléfono celular, me creí salvado. Por supuesto, fue Rick y no yo el que lo atendió. Sin por eso dejar de prescindir de los vicios –sudados, lacerantes y opresivos vicios– de su real voluntad.
-Mon amour ? Je suis Jacques. Qu'est-ce qui t'arrive?
-¡Jacques! –grité desperado, con la frente hundida entre los barrotes de la cama sin sábanas de la habitación del hotel- ¡Jacques! ¡Auxilio!
-Cette chienne argentine appartient-elle à vous? –bramó Rick por teléfono.
“¡Jacques! ¡Jacques, yo soy tuya! ¡No le pertenezco a este animal inglés!”, quise gritar.
Pero Rick desarmó mi grito hundiendo hasta el colmo su “cetro” en mí.
Dulce y sanguinolenta muerte hecha de placer.
-Cette chienne argentine appartient-elle à vous? –repitió con la voracidad de un conquistador sajón Rick, a mis espaldas-. Cette chienne argentine m'appartient! Cette chienne argentine m'appartient, fagged fuck! –y arrojó mi teléfono dorado contra la pared, destruyéndolo en cientos de pedacitos.
With you in a few minutes
Desperté. Casi no podía sentir las piernas. Mi boca y mi lengua tenían el gusto de cigarros que no habían sido fumados por mí. Chitraksh, sorpresivamente, estaba de pie a mi lado, ya completamente desatado. Había llegado a ver cómo registraba mi cartera y guardaba en sus bolsillos todo mi dinero.
-I need more money to buy the necessary things in the most nearby drugstore, mister Mavrakissss. I will not be late.
Con las mejillas golpeadas, todavía apoyadas sobre la mugrosa alfombra de la habitación, le indiqué a mi joven amigo indio dónde encontrar mi último dinero. En el fondo secreto de mi cartera, tal como Jacques me había enseñado. «Debes ayudar a tu amigo, dark angel. Yo… Yo necesito reserva de ti. Yo voy a gratificarte».
Antes de exigirle que saliera de la habitación en busca de agua oxigenada, alcohol, analgésicos y cicatrizantes, pedí a Chitraksh que leyera la hora en mi reloj. Lo hizo. Después, me quitó el reloj de la muñeca y se fue. Sospeché que no volvería a verlo. Dos horas de espera después, me resigné. Apoyándome contra el marco de la puerta del baño –allí seguía tirada la toalla de Rick, abandonada como el antiguo disfraz antiaéreo de un obús fatal-, logré arrastrarme hasta el teléfono. El paramédico me hizo preguntas indecorosas. Debí contestarlas una por una. Sí, había sido “atacado” por un desconocido. Sí, se había tratado de un varón. “De un varón muy dotado”, me atreví a especificar. Sí, había rastros de sangre a mis pies. ¿De algo más? Sí, pero no sobre mis pies. No podría especificar qué, pero lo intuía. Sí, sabía que para preservar pruebas no debía bañarme, pero lo haría de todos modos. No, no había visto a mi atacante. Tal vez muy vagamente. Sí, me resultaba imposible caminar. No, no era la primera vez. ¿Testigos? Alguien lo había visto y escuchado todo. Por supuesto que no me retiraría “del lugar de la violación”, ¿cómo podría? «We will be with you in a few minutes. The police is on his way too».
Nunca más volveré a Londres.
Durante mi estadía de diez días en Londres, recibí un correo electrónico con dos noticias. Una buena, otra mala. La buena era que había vuelto a activarse el frente agrario ante las medidas extorsivas del Kirchnerato montonero contra el campo argentino. La mala era que el Kirchnerato, aunque en un avanzado estado de degradación y derrumbe, continuaba en pie.
Si sólo la cerda hubiera estado cerca de Marylebone, le habría ordenado de inmediato a mi joven guía indio -Chitraksh- que la hiciera desaparecer en algún oscuro callejón camino a Paddington.
«Aunque de nada serviría en este momento, my young fellow, porque del rincón planetario de barbarie del que yo provengo, los únicos “desaparecidos” son los que secuestra el propio gobierno para fraguar desesperados espacios de publicidad».
Chitraksh –veintidós años, tez aceitunada, estudiante de enfermería y brazos firmes como el ancla de cualquier nave imaginada por John Keats- me mostró su risa blanca como el marfil.
«Yes, yes indeed, Mr Mavrakissss…».
La ignorancia es un patrimonio universal de la servidumbre en todo el mundo, así que di por sentado que Chitraksh, a pesar de su innegable buena voluntad, a pesar de la vastedad profunda de su mirada, a pesar, incluso, de la firmeza amable con la que me conducía en ese momento del brazo –y por apenas unas pocas libras extras–, por Baker Street hacia Old Marylebone Road, no sabía de qué me estaba hablando.
«Your body of pale ebony pleasures my yes, but your mind of rat punishes my spirit, Chitraksh».
Jardines de Sussex
Un bus de camino por Gloucester Place pasó ante nosotros.
Chitraksh –cuya sonrisa marmórea se había borrado– tomó mi cámara fotográfica y la apuntó sin consultármelo hacia la máquina.
«I have not come here to portray the transport of the mass, my beautiful dark angel…».
Chitraksh –atravesábamos ya los jardines de Sussex, bastante más dañados que la última vez que los había visto– enfundó mi cámara ofendido y estrechó con más potencia su brazo con el mío.
Chitraksh era un perrito torpe pero cariñoso, tal como me lo había descrito un miembro del staff al organizar mi paseo en Buenos Aires.
Sus palabras exactas habían sido que Chitraksh era “un joven con el tipo de docilidad moral ideal para un hombre como usted de visita por Londres, señor Mavrakis”.
Eso era tan cierto como que el cuerpo desnudo de Chitraksh, a la luz tenue de cualquier hotel de Bunhill Row, habría exacerbado hasta la incandescencia cualquier descripción de los indios de Emilio Salgari.
Aún así, arrebaté a Chitraksh mi cámara.
Y comencé a tomar mis propias fotografías.
En Edgware Road y Marble Arch, justo sobre una de las entradas de Hyde Park, disparé mi cámara por accidente, apuntándola contra un grupo de hombres de entre los cuales sobresalía uno –al que Chitraksh debió, bajo mi orden, correr apresurado para preguntarle el nombre– con saco claro, cruzado y adorable.
-Would he like to pose close to the entry of the park for my recollection of London? –volví a ordenarle a Chitraksh que le preguntara al joven del bellísimo saco con botones dorados.
Aceptó posar “sólo para mis recuerdos”, por supuesto.
También sonrió cuando le confesé que, de tener algo que decir en el Speaker´s Corner –apenas a unos metros de distancia, sobre Cumberland Gate–, mi única declaración habría sido que ni todas las Falklands juntas podían valer lo que un solo segundo bajo la luz de sus párpados.
Chitraksh no quiso volver a tomarme del brazo.
Hasta que deslicé otras cincuenta libras hacia su mano.
My assistant does not have manners
La manzana del Wellington Museum, unos minutos de caminata después, ubicaron ante mi lente a un dios de ébano que borraría a Chitraksh de mi mente por el resto de la semana.
-Ask the black young man dressed as a sailor if it he would not invite me to sail, Chitraksh. Go right now and I´ll give you another fifty pounds!
Chitraksh y el joven negro se entendieron rápido.
Water, water, everywhere,
And all the boards did shrink;
Water, water, everywhere,
Nor any drop to drink.
No esperaba que el joven de ébano, con su exquisito atuendo de marinero, reconociera los versos de Coleridge brotando de mi boca mientras me acercaba para presentarme.
-My assistant does not have manners. Forgive it. My name is Mavrakis.
-My name is Saul…
-Can I take a photograph? There are bodies that should remain in the museum...
Saul apretó sus labios gruesos y miró las baldosas grises a mis pies.
El flash de la cámara sobre sus ojos hubiera podido confundirse con relámpagos alrededor de una deidad negra. No fueron los únicos relámpagos del día.
Frente al Lambeth Palace, un joven asiático con un traje a cuadros posó con su paraguas mientras hablaba por teléfono. En New Kent Road, más tarde, conocí a William, que se jactó de parecerse a Grigori Yefimovich Novy. «Oh, you mean monsieur Rasputin…», comenté mientras contaba los cuadros de su traje.
Aunque nada ni nadie me hacían imaginar que, sólo unas pocas cuadras más adelante, conocería al maravilloso Rick Van Deer.
That curious man
East Street y Thurlow.
Chitraksh, reacio a continuar nuestra recolección viva de souvenirs –“Tell me if you are not an illegal immigrant, Chitraksh!”–, me anuncia que después de las siete de la tarde le corresponden otras cien libras por cada hora de su acompañamiento. «Mister Mavrakissss, my masculine night companionship is more expensive». Todos los malditos terrosos del mundo quieren sólo eso: dinero. No se conforman nunca con nada más que el sucio dinero.
-Well, my dear, you must earn it…
-Serve yourself, Mister Mavrakisss- balbuceó el sucio Chitraksh.
-See that curious man with yellow glasses over there?
-Oh yes, Mister Mavrakisss…
-Fuck it for me, Chitraksh.
La luz tenue del Compitt Hotel, en Bunhill Row, volvió a recorrer una vez más la espalda desnuda de Chitraksh. Rick Van Deer –sesenta y siete años, coreógrafo retirado de París, amante esforzado y fumador compulsivo de cigarros Montecristo– rastrillaba con su bigote blanco los rincones de mi amigo indio con más fervor del que supe que tendría al momento de fotografiarlo, ante la panadería vienesa de East Street. «I love international bridges!», gritó una hora y media después, al salir de la ducha. Chitraksh dormía ya el sueño de los cautivos sobre sábanas baratas y descartables, como él. «Deberíamos envolverlo con esa mortaja y arrojarlo al Támesis, mon amant ami. Como a toda esta caterva de invasores fuliginosos y lascivos que corroen a la nación más civilizada del mundo».
-Oh, oh! Yes! –se entusiasmó sin contratiempos Rick. El entusiasmo comenzó en la vibración de sus cejas y fue descendiendo como la lava de un volcán a lo largo de todo su cuerpo, apenas cubierto por una toalla ante la cama donde Chitraksh, entre sueños, ya comenzaba a balbucear algunos quejidos–. Would you coincide with me with that these Indians are the cancer of the Queen, monsieur Mavrakis?
A diferencia de Jacques, cuyo cuerpo apolíneo –lo sé– es la envidia viva de toda mi claque en La Biela, mister Rick Van Deer exultaba una masculinidad distinta. Algo en él –tal vez nunca lo sepa– capturó mis pensamientos desde el momento que estrechamos nuestras manos, y más adelante, cuando nuestras manos estrecharon al resto compartido de nuestros cuerpos. No eran su elegancia ni su presteza aquellos misterios en él; detalles ante los que Jacques, lo sé, se hubiese impuesto de tratarse de un certamen de machos cabríos –dispuestos a complacerme a mí como a su mutua Venus desnuda–. Eran la seguridad, la persistencia, la experiencia de mi nuevo london partner Rick las que me cautivaron al instante. «Arrojemos a esta escoria de Shiva al Támesis ya mismo, Rick». Lo amortajamos vivo y con las fundas de dos almohadas lo atamos de pies y manos. Una vez paralizado, Chitraksh se despertó y comprendió todo. Hay algo natural en ignorar la mirada de terror de cualquier indio. «Arrojemos a esta escoria de Shiva al Támesis ya mismo, Rick. ¡Ya mismo!»
-But first, my argentinian friend… You must show your respect to the cane of the King.
-¿El bastón del rey, Rick?
-The royal sceptre.
-¿El cetro re…?
Y la toalla color pastel cayó a sus pies.
Poco había de metafórico en aquello del “cetro”.
Nada en aquello del “bastón”.
-You must love the King to serve the Queen…
De nada sirvió mi pedido de socorro a Chitraksh.
Tampoco mi intento de arañar la cabecera de la cama mientras Rick me sometía a la voluntad masivamente curva y venosa de su “expansión imperial”. «Are you interested in a photography of this?», llegué a discernir que decía Rick, al tiempo que bufaba y rastrillaba su bigote incontinente contra mis omóplatos primero y contra mi cadera después. Chitraksh lagrimeaba acostado a un metro de distancia de donde mis entrañas se desgarraban al compás de los empujones ofensivos de Rick.
-Not to my master! –lloraba mi joven amigo indio, a través de la sábana fría y blanca que le cruzaba la boca–. Not my master!
Mis pies se elevaban de la alfombra cada vez que Rick arremetía con grandeza quebrantadora contra mi delicada masculinidad. Cuando sonó mi teléfono celular, me creí salvado. Por supuesto, fue Rick y no yo el que lo atendió. Sin por eso dejar de prescindir de los vicios –sudados, lacerantes y opresivos vicios– de su real voluntad.
-Mon amour ? Je suis Jacques. Qu'est-ce qui t'arrive?
-¡Jacques! –grité desperado, con la frente hundida entre los barrotes de la cama sin sábanas de la habitación del hotel- ¡Jacques! ¡Auxilio!
-Cette chienne argentine appartient-elle à vous? –bramó Rick por teléfono.
“¡Jacques! ¡Jacques, yo soy tuya! ¡No le pertenezco a este animal inglés!”, quise gritar.
Pero Rick desarmó mi grito hundiendo hasta el colmo su “cetro” en mí.
Dulce y sanguinolenta muerte hecha de placer.
-Cette chienne argentine appartient-elle à vous? –repitió con la voracidad de un conquistador sajón Rick, a mis espaldas-. Cette chienne argentine m'appartient! Cette chienne argentine m'appartient, fagged fuck! –y arrojó mi teléfono dorado contra la pared, destruyéndolo en cientos de pedacitos.
With you in a few minutes
Desperté. Casi no podía sentir las piernas. Mi boca y mi lengua tenían el gusto de cigarros que no habían sido fumados por mí. Chitraksh, sorpresivamente, estaba de pie a mi lado, ya completamente desatado. Había llegado a ver cómo registraba mi cartera y guardaba en sus bolsillos todo mi dinero.
-I need more money to buy the necessary things in the most nearby drugstore, mister Mavrakissss. I will not be late.
Con las mejillas golpeadas, todavía apoyadas sobre la mugrosa alfombra de la habitación, le indiqué a mi joven amigo indio dónde encontrar mi último dinero. En el fondo secreto de mi cartera, tal como Jacques me había enseñado. «Debes ayudar a tu amigo, dark angel. Yo… Yo necesito reserva de ti. Yo voy a gratificarte».
Antes de exigirle que saliera de la habitación en busca de agua oxigenada, alcohol, analgésicos y cicatrizantes, pedí a Chitraksh que leyera la hora en mi reloj. Lo hizo. Después, me quitó el reloj de la muñeca y se fue. Sospeché que no volvería a verlo. Dos horas de espera después, me resigné. Apoyándome contra el marco de la puerta del baño –allí seguía tirada la toalla de Rick, abandonada como el antiguo disfraz antiaéreo de un obús fatal-, logré arrastrarme hasta el teléfono. El paramédico me hizo preguntas indecorosas. Debí contestarlas una por una. Sí, había sido “atacado” por un desconocido. Sí, se había tratado de un varón. “De un varón muy dotado”, me atreví a especificar. Sí, había rastros de sangre a mis pies. ¿De algo más? Sí, pero no sobre mis pies. No podría especificar qué, pero lo intuía. Sí, sabía que para preservar pruebas no debía bañarme, pero lo haría de todos modos. No, no había visto a mi atacante. Tal vez muy vagamente. Sí, me resultaba imposible caminar. No, no era la primera vez. ¿Testigos? Alguien lo había visto y escuchado todo. Por supuesto que no me retiraría “del lugar de la violación”, ¿cómo podría? «We will be with you in a few minutes. The police is on his way too».
Nunca más volveré a Londres.
Etiquetas: Corresponsalías
6.5.08
la escritura del campo

La sinfonía del Kirchnerato termina en una partitura abrupta.
La última batuta se dirime en los medios.
Para el Grupo Clarín, de oposición moderada, revitalizado por un polo de conflicto abrasivo con el Canciller del Nestorismo Luis D´Elía, la irrupción del Campo se mide en parámetros de contexto.
“La nueva reunión llegó después de que el Gobierno reabriera el registro para exportar carne pero con fuertes trabas”, tipea el Grupo. Conste que las negritas –como todo aquello negro- cumple con el trabajo pesado de cargar el peso de la conciencia opinológica del Grupo. Conciencia temerariamente liberada, en pos del decadentismo de la aquiescencia oficialista.
“La estrategia oficial se definió en Olivos en una reunión de la presidenta Cristina Fernández y su esposo, el ex mandatario Néstor Kirchner, con Alberto Fernández y De Urquiza. La resolución sería abrir un diálogo sobre las retenciones pero sin dejar que los ruralistas le pongan fecha”, tipean un poco más, desde el Grupo. Ya con intenciones de lacerar módicamente.
Con su propia aquiescencia renovada a flor de piel, Infobae, desde la minoridad, riega minucias de obsecuencia. Remarcando, en lo posible, una unipartidaria vocación pendenciera.
“La reunión entre los dirigentes del campo y el Gobierno se esperaba para las 11, pero los representantes de las entidades llegaron casi una hora más tarde a la Jefatura de Gabinete donde eran recibidos también por el secretario de Agricultura, Javier De Urquiza”.
Las negritas, aquí, operan desde la inconsciencia.
Apenas se limitan a remacar la existencia de lo inexistente, Javier De Urquiza.
-¿Pero quién puede sostener la sinfonía a esta altura?
-Doktor Faustus, señor Mavrakis. Sólo Doktor Faustus.
La última batuta se dirime en los medios.
Para el Grupo Clarín, de oposición moderada, revitalizado por un polo de conflicto abrasivo con el Canciller del Nestorismo Luis D´Elía, la irrupción del Campo se mide en parámetros de contexto.
“La nueva reunión llegó después de que el Gobierno reabriera el registro para exportar carne pero con fuertes trabas”, tipea el Grupo. Conste que las negritas –como todo aquello negro- cumple con el trabajo pesado de cargar el peso de la conciencia opinológica del Grupo. Conciencia temerariamente liberada, en pos del decadentismo de la aquiescencia oficialista.
“La estrategia oficial se definió en Olivos en una reunión de la presidenta Cristina Fernández y su esposo, el ex mandatario Néstor Kirchner, con Alberto Fernández y De Urquiza. La resolución sería abrir un diálogo sobre las retenciones pero sin dejar que los ruralistas le pongan fecha”, tipean un poco más, desde el Grupo. Ya con intenciones de lacerar módicamente.
Con su propia aquiescencia renovada a flor de piel, Infobae, desde la minoridad, riega minucias de obsecuencia. Remarcando, en lo posible, una unipartidaria vocación pendenciera.
“La reunión entre los dirigentes del campo y el Gobierno se esperaba para las 11, pero los representantes de las entidades llegaron casi una hora más tarde a la Jefatura de Gabinete donde eran recibidos también por el secretario de Agricultura, Javier De Urquiza”.
Las negritas, aquí, operan desde la inconsciencia.
Apenas se limitan a remacar la existencia de lo inexistente, Javier De Urquiza.
-¿Pero quién puede sostener la sinfonía a esta altura?
-Doktor Faustus, señor Mavrakis. Sólo Doktor Faustus.
Etiquetas: Cristinita, Kirchner, La Biela, Medios, Poder, Realpolitik argentina, Staff
2.5.08
para retener sus retenciones, el Kirchnerato retiene a sus "desaparecidos"

Temporada de desaparecidos
«Si la imagen pública de la Presidenta Ignoranta se cae. Si el ministro de Economía se cae. Si la fantasía de que es la Señora la que gobierna -y no su marido- se cae. Si la posibilidad de chantajear y saquear al campo se cae. Si la credibilidad de los medios ultraoficialistas se cae. Entonces, otra vez, reaparecen, de la nada, sobre la hora, sin ningún pudor utilitarista, los desaparecidos».
Un oficio de Puthod
«Desaparecidos confusos. Desaparecidos de los intrascendentes. Dotados de una opaca pátina de curiosa “supervivencia”. Desaparecidos de la colectividad supernumeraria de la de los dedos índices entablillados, como Jota Jota. Desaparecidos aparecidos, con un pasado de lealtad biodegradable. Para su uso rápido y barato, de acuerdo a las necesidades coyunturales del calendario político de la Cartera Oficial. El Puthod no es un desaparecido –incrimina un hombre habituado a transitar los corredores de la Secretaría de las Ventanas Espejadas, en La Biela-, de hecho, el Puthod es, para muchos de sus ex camaradas “sobrevivientes”, un aparecido total. Le diría, señor Mavrakis, que este Puthod, en el mundillo de los Dueños de la Memoria, es una aparición tan grosera que hasta generó escozor. Ni las Accionistas de Plaza de Mayo se animaron a rentar su apoyo esta vez. Hasta ellas tuvieron reservas. Tantas que, esta vez, de manera inesperada, abstuvieron el presentismo obligado de sus palmas subsidiadas, en medio de la operación. Porque son estos curiosos "NN", ubicados en el centro preferencial de la mesa de saldos de la Memoria Kirchnerista, "NN´s" como el Puthod, señor Mavrakis, los que pactaron buena parte de su “heroica supervivencia” de hoy, hace ya 35 años, a cambio de la proveduría de listas enteras de “heroicos desaparecidos”. De los que, por supuesto, no se tendrán noticias nunca más...».
La desesperación
«La desesperación. Todo se trata de la desesperación. A la Señora la medican cada vez más de lo que ella se automedica. Alberto ya presentó tres renuncias distintas en una semana. Todavía espera que se haga pública la de Graciela Ocaña. Ni en Puerto Madero, ni en la embajada nestorista en Balcarce 50, se visualiza una estrategia política que supere las 72 horas siguientes. Con el "secuestro" de un payuca intrascendente, tres cachetazos y la imposición de memorizar un torpe guión, a la exacta medida del calibre intelectual de los últimos progresistas crédulos del 2008 (“me secuestró un grupo de tareas, los famosos grupos de la mano de obra desocupada”, repetía el Puthod, una creación a la altura rinoscópicamente política de Máximo K.), cree el kirchnerato que puede ganar unas horas más de existencia. Antes de que el campo, aquel curiosamente acusado de "apoyar a la Dictadura", si quiere, y hasta por capricho, se lleve puesto a los últimos estertores de este gobierno».
Gerez y Puthod
«Si la actual institucionalidad argentina depende del sostenimiento de un aparato de propaganda basado en la aparente efectividad de una campaña por los “Derechos Humanos” –aunque sólo se trate del recorte único de las “víctimas de la represión militar” durante el Proceso de Reorganización Nacional–, la paradoja del recurso es que, en tanto aparato de propaganda per se, el gobierno apela al sostenimiento de su propia legitimidad doblando y desdoblando “la Memoria” a conveniencia. La manipulación de un caso como el de Gerez –cuya “liberación” se hizo pública sólo después de que Kirchner agitara el imaginario de las conciencias progresistas a su favor por cadena nacional–, se repite con el caso del Puthod: reclutado de entre las filas del piquetero ultrakirchnerista Emilio Pérsico, el recurso del “secuestro confuso” de desaparecidos del pasado, en coincidencia con el calendario de conflictos irresueltos del presente (en este caso, el colapso de las negociaciones con el campo), vuelve a imponerse como andamiaje básico para el sostenimiento simbólico de un gobierno exhausto por sus derrotas sucesivas y concretas en la realpolitik».
Yapa: golpe a Scioli
«Note usted, señor Mavrakis, la ubicación política del “desaparecido” –y el hombre de la Secretaría de las Ventanas Espejadas desparrama sus manos abiertas sobre la mesa en La Biela–; al “muerto” se lo tiraron, sin mayores sutilezas, en la intrascendencia de Zárate, a Danielito Scioli. El gobernador que desde un discurso permanentemente ATP, señor Mavrakis, podría pasar en cualquier momento a tener más poder que los Kirchner. Por el detalle inminente de la continuidad en el ejercicio de su cargo. Permanencia que los Kirchner, ni en Puerto Madero o Casa Rosada, podrían asegurar para sí mismos. Aunque el injerto específico del nombre de Daniel Scioli en “la movida de los Kirchner”, señor Mavrakis, tiene una razón todavía más obvia: fue a él, y a nadie más que a él, que los delegados del campo eligieron como potencial interlocutor entre ellos y el gobierno».
«Si la imagen pública de la Presidenta Ignoranta se cae. Si el ministro de Economía se cae. Si la fantasía de que es la Señora la que gobierna -y no su marido- se cae. Si la posibilidad de chantajear y saquear al campo se cae. Si la credibilidad de los medios ultraoficialistas se cae. Entonces, otra vez, reaparecen, de la nada, sobre la hora, sin ningún pudor utilitarista, los desaparecidos».
Un oficio de Puthod
«Desaparecidos confusos. Desaparecidos de los intrascendentes. Dotados de una opaca pátina de curiosa “supervivencia”. Desaparecidos de la colectividad supernumeraria de la de los dedos índices entablillados, como Jota Jota. Desaparecidos aparecidos, con un pasado de lealtad biodegradable. Para su uso rápido y barato, de acuerdo a las necesidades coyunturales del calendario político de la Cartera Oficial. El Puthod no es un desaparecido –incrimina un hombre habituado a transitar los corredores de la Secretaría de las Ventanas Espejadas, en La Biela-, de hecho, el Puthod es, para muchos de sus ex camaradas “sobrevivientes”, un aparecido total. Le diría, señor Mavrakis, que este Puthod, en el mundillo de los Dueños de la Memoria, es una aparición tan grosera que hasta generó escozor. Ni las Accionistas de Plaza de Mayo se animaron a rentar su apoyo esta vez. Hasta ellas tuvieron reservas. Tantas que, esta vez, de manera inesperada, abstuvieron el presentismo obligado de sus palmas subsidiadas, en medio de la operación. Porque son estos curiosos "NN", ubicados en el centro preferencial de la mesa de saldos de la Memoria Kirchnerista, "NN´s" como el Puthod, señor Mavrakis, los que pactaron buena parte de su “heroica supervivencia” de hoy, hace ya 35 años, a cambio de la proveduría de listas enteras de “heroicos desaparecidos”. De los que, por supuesto, no se tendrán noticias nunca más...».
La desesperación
«La desesperación. Todo se trata de la desesperación. A la Señora la medican cada vez más de lo que ella se automedica. Alberto ya presentó tres renuncias distintas en una semana. Todavía espera que se haga pública la de Graciela Ocaña. Ni en Puerto Madero, ni en la embajada nestorista en Balcarce 50, se visualiza una estrategia política que supere las 72 horas siguientes. Con el "secuestro" de un payuca intrascendente, tres cachetazos y la imposición de memorizar un torpe guión, a la exacta medida del calibre intelectual de los últimos progresistas crédulos del 2008 (“me secuestró un grupo de tareas, los famosos grupos de la mano de obra desocupada”, repetía el Puthod, una creación a la altura rinoscópicamente política de Máximo K.), cree el kirchnerato que puede ganar unas horas más de existencia. Antes de que el campo, aquel curiosamente acusado de "apoyar a la Dictadura", si quiere, y hasta por capricho, se lleve puesto a los últimos estertores de este gobierno».
Gerez y Puthod
«Si la actual institucionalidad argentina depende del sostenimiento de un aparato de propaganda basado en la aparente efectividad de una campaña por los “Derechos Humanos” –aunque sólo se trate del recorte único de las “víctimas de la represión militar” durante el Proceso de Reorganización Nacional–, la paradoja del recurso es que, en tanto aparato de propaganda per se, el gobierno apela al sostenimiento de su propia legitimidad doblando y desdoblando “la Memoria” a conveniencia. La manipulación de un caso como el de Gerez –cuya “liberación” se hizo pública sólo después de que Kirchner agitara el imaginario de las conciencias progresistas a su favor por cadena nacional–, se repite con el caso del Puthod: reclutado de entre las filas del piquetero ultrakirchnerista Emilio Pérsico, el recurso del “secuestro confuso” de desaparecidos del pasado, en coincidencia con el calendario de conflictos irresueltos del presente (en este caso, el colapso de las negociaciones con el campo), vuelve a imponerse como andamiaje básico para el sostenimiento simbólico de un gobierno exhausto por sus derrotas sucesivas y concretas en la realpolitik».
Yapa: golpe a Scioli
«Note usted, señor Mavrakis, la ubicación política del “desaparecido” –y el hombre de la Secretaría de las Ventanas Espejadas desparrama sus manos abiertas sobre la mesa en La Biela–; al “muerto” se lo tiraron, sin mayores sutilezas, en la intrascendencia de Zárate, a Danielito Scioli. El gobernador que desde un discurso permanentemente ATP, señor Mavrakis, podría pasar en cualquier momento a tener más poder que los Kirchner. Por el detalle inminente de la continuidad en el ejercicio de su cargo. Permanencia que los Kirchner, ni en Puerto Madero o Casa Rosada, podrían asegurar para sí mismos. Aunque el injerto específico del nombre de Daniel Scioli en “la movida de los Kirchner”, señor Mavrakis, tiene una razón todavía más obvia: fue a él, y a nadie más que a él, que los delegados del campo eligieron como potencial interlocutor entre ellos y el gobierno».
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1.5.08
a falta de políticas, buenos son los "desaparecidos"
“El lunes oficializamos la baja de las retenciones, pero antes me inventan otro Gerez para la gilada. No sea que nos corten las rutas el fin de semana. Es eso, Albertito, o vos y yo nos caemos el martes”.
(Un ex presidente, desde Puerto Madero).
Inminente carpetazo sobre el tema en La Biela.
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25.4.08
Lousteau y el arpa de soja

En el circuito cristinista, se derriten cada vez más rápido los fusibles.
Le petit Martín Lousteau, herido irreparablemente, se va.
Un fusil menor, hasta la intrascendencia.
Arrastra, en su caída, a la Presidenta Ignoranta.
Que pesa, sobre el curriculum vitae del renunciante, como la piedra que arrastra hacia los abismos de las aguas más profundas. El staff se lamenta del retiro del dulce querubín. "El ímpetu de la juventud no tiene espacio entre la cerda y sus Montoneros de cotillón", llora Mavrakis.
La Presidenta Ignoranta, teledirigida por Néstor Carlitos, se cae.
Aceleradamente, se cae.
Medicada y deprimida, antepone su renuncia a la de los ministros que vienen:
Se retira Martín Lousteau.
Reemplaza Carlos Fernández. Especialista en política fiscal. Inminente títere del Ministro Sin Cartera Moreno, en obediencia debida del Presidente Sin Sillón Néstor Kirchner.
Alberto Fernández es otro próximo a pasar a retiro.
Reemplaza Zaninni.
La Presidenta Ignoranta es la última, con renuncia en cabecera de pista desde hace 2 semanas.
Reemplaza –con la informalidad de lo que ya era formal– Néstor Carlitos.
La debacle del kirchnerismo cristinista acelera el avance del campo.
Redoblan, desde el viernes 2 de mayo, y no antes, por piedosa piedad, la apuesta por los cortes de rutas. Puede que antes del 2, la Presidenta Ignoranta arrebate el bisturí de manos de su cirujano plástico y se corte las venas. "Está cada día más medicada, la Presidenta", afirman desde los corredores de Balcarce 50.
"Los productores del campo sojizaron otro ámbito. El militar. Los tanques que no financia el Estado, los financian quienes cultivan la tierra para servir a la Patria", afirman desde los corredores más ventilados del círculo de productores agropecuarios.
Los bonos argentinos caen en picada.
El kirchnerato, definitivamente en knock out, se derrumbó.
Tendido a voluntad, son el plato principal del campo.
Nadie, absolutamente nadie, tendrá piedad de ellos.
Un fusil menor, hasta la intrascendencia.
Arrastra, en su caída, a la Presidenta Ignoranta.
Que pesa, sobre el curriculum vitae del renunciante, como la piedra que arrastra hacia los abismos de las aguas más profundas. El staff se lamenta del retiro del dulce querubín. "El ímpetu de la juventud no tiene espacio entre la cerda y sus Montoneros de cotillón", llora Mavrakis.
La Presidenta Ignoranta, teledirigida por Néstor Carlitos, se cae.
Aceleradamente, se cae.
Medicada y deprimida, antepone su renuncia a la de los ministros que vienen:
Se retira Martín Lousteau.
Reemplaza Carlos Fernández. Especialista en política fiscal. Inminente títere del Ministro Sin Cartera Moreno, en obediencia debida del Presidente Sin Sillón Néstor Kirchner.
Alberto Fernández es otro próximo a pasar a retiro.
Reemplaza Zaninni.
La Presidenta Ignoranta es la última, con renuncia en cabecera de pista desde hace 2 semanas.
Reemplaza –con la informalidad de lo que ya era formal– Néstor Carlitos.
La debacle del kirchnerismo cristinista acelera el avance del campo.
Redoblan, desde el viernes 2 de mayo, y no antes, por piedosa piedad, la apuesta por los cortes de rutas. Puede que antes del 2, la Presidenta Ignoranta arrebate el bisturí de manos de su cirujano plástico y se corte las venas. "Está cada día más medicada, la Presidenta", afirman desde los corredores de Balcarce 50.
"Los productores del campo sojizaron otro ámbito. El militar. Los tanques que no financia el Estado, los financian quienes cultivan la tierra para servir a la Patria", afirman desde los corredores más ventilados del círculo de productores agropecuarios.
Los bonos argentinos caen en picada.
El kirchnerato, definitivamente en knock out, se derrumbó.
Tendido a voluntad, son el plato principal del campo.
Nadie, absolutamente nadie, tendrá piedad de ellos.
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21.4.08
humo y ceniza sobre un Kirchnerato negro y quemado
"Porque los mozos de este lugar llevan en las suelas de sus zapatos baratos
la mugre y la ceniza amontonada de Tierra Adentro, donde viven y
de donde proviene el humo infernal”.
Llegó acompañado por el Especialista.
Pero Mavrakis nunca quiso quitarse el barbijo, ni siquiera en La Biela.
Y obligó a dos subalternos de su staff, dos sujetos particularmente vulnerables a la pesadez del aire, a confeccionar pequeños barbijos para Cipriano y Carino. A los que no quiso dejar caminar por el piso en ningún momento. “Escuchen al Especialista”, pide tras el barbijo.
«Tres horas antes de que la Presidenta Ignoranta escondiera las cicatrices de su última inyección patológicamente masiva de botox con unos enormes anteojos pagados hace dos semanas, en efectivo y en euros, en París, puso en el despacho del Presidente Kirchner, en Olivos, el segundo borrador para la dimisión».
«La señora está fuertemente medicada. Pero esto ya la saben, damas y caballeros. Lo que no saben es que la fuerte medicación no es gratuita. Que el fin de semana pasado, justo a mitad del túnel que une el sauna de su hotel en El Calafate, con una de las casas de los Kirchner, la señora, como les indicaron después a quienes limpiaron el desastre, se “descompuso”. Porque los antidepresivos y los tranquilizantes no son caramelos y laceran, a la larga, el tejido de cualquier estómago. Camino a La Biela, Mavrakis me contestó algo divertido: “Verla a esa ridícula, jugando a la Erwin Rommel de cotillón ante los mapas de los incendios que nos sofocan, también es perjudicial para cualquier estómago, mi queridísimo amigo”».
«No es la primera vez que la Presidenta Ignoranta antepone al caos de su gestión el egoísmo de la fantasía de la renuncia. La señora es incapaz de más. Ni la automedicación, ni el shopping, ni siquiera su novísima adicción a las agujas con toxina botulínica se lo hacen olvidar. La especulación del propio Kirchner, caballeros, es la de presentarse, por sobre el fracaso de su mujer, como el salvador. Kirchner, convertido en el Duhalde de De La Rúa. En cuestión de semanas, tal vez de meses, pero nunca más allá del año 2011. Año que a la Presidenta Ignoranta le queda tan lejos como lo imposible».
«Pero paso a hablarles de aquello que me pide el caballero del barbijo y la corbata de seda colorada. En medio del fracaso en las negociaciones gubernamentales con los productores agropecuarios, la Presidenta Ignoranta vuelve a la estrategia de la desacreditación pública. Insiste en remacar, desde el fondo de esos labios inflamados, que los culpables del humo que enerva la paciencia (de quienes saben que pueden voltear al gobierno con sus cacerolas) son los grandes productores agropecuarios. La Presidenta Ignoranta repite la lógica de la agresión no como si antes hubiera perdido, sino como si antes hubiese ganado. La Presidenta Ignoranta es incapaz de aprender».
«El 50 % de los campos en llamas son tierras fiscales, entregadas con el beneplácito del Presidente Kirchner a empresarios amigos. Por la negligencia del después del fuego y la corrupción del antes del fuego, el Kirchnerato es el culpable de la intoxicación de millones de porteños. El 50 % de los campos en llamas son tierras fiscales, entregadas con el beneplácito del Presidente Kirchner a empresarios amigos. ¿Dirá la Presidenta Ignoranta, esta semana, que millones de porteños merecen intoxicarse por haber apoyado al campo hace unas semanas? ¿Pensará que millones de porteños merecen intoxicarse por su apoyo “a la misma Sociedad Rural que apoyó el golpe militar de 1976? ¿La asesorarán las Madres y Abuelas Accionistas de Plaza de Mayo a la Presidenta Ignoranta, para decirle, en medio de un trance místico subvencionado, que el humo que ahoga a los “porteños golpistas de hoy” es enviado desde el más allá por “los treinta mil desaparecidos de ayer”?».
«En una sola semana, el Kirchnerato intoxicó a más personas y de peor manera que toda la papelera uruguaya Botnia. La única diferencia es que el gobierno uruguayo no coloca como funcionarios a los corruptos responsables del desastre ecológico. El Kirchnerato sí. Romina Picolotti contrató a cinco centenas de “asesores” en la Secretaría de Ambiente de la Nación. Ninguno de sus “ecologistas” hizo nada por los incendios durante los primeros diez días de desastre».
«La Presidenta Ignoranta se fugó al Calafate durante la última Semana Santa. No quería escuchar el reclamo del campo, ni quería perder sesiones de botox escuchando, aquel último 24 de marzo, discursos tediosos sobre los guerrilleros muertos que de vivos jamás tuvo cerca. Esta semana, durante el humo tóxico de los incendios en Buenos Aires, optó por quedarse. Irse otra vez puede ser su último acto de gobierno o de vida. Ahora, la señora pone la cara. Por eso la tiene inflamada por el botox casi hasta la monstruosidad. Es un signo de su compromiso».
El Especialista y Mavrakis se levantan despacio.
Sin despedirse, se retiran de La Biela.
Dos colaboradores llevan en sus brazos a Cipriano y Carino.
Pero Mavrakis nunca quiso quitarse el barbijo, ni siquiera en La Biela.
Y obligó a dos subalternos de su staff, dos sujetos particularmente vulnerables a la pesadez del aire, a confeccionar pequeños barbijos para Cipriano y Carino. A los que no quiso dejar caminar por el piso en ningún momento. “Escuchen al Especialista”, pide tras el barbijo.
«Tres horas antes de que la Presidenta Ignoranta escondiera las cicatrices de su última inyección patológicamente masiva de botox con unos enormes anteojos pagados hace dos semanas, en efectivo y en euros, en París, puso en el despacho del Presidente Kirchner, en Olivos, el segundo borrador para la dimisión».
«La señora está fuertemente medicada. Pero esto ya la saben, damas y caballeros. Lo que no saben es que la fuerte medicación no es gratuita. Que el fin de semana pasado, justo a mitad del túnel que une el sauna de su hotel en El Calafate, con una de las casas de los Kirchner, la señora, como les indicaron después a quienes limpiaron el desastre, se “descompuso”. Porque los antidepresivos y los tranquilizantes no son caramelos y laceran, a la larga, el tejido de cualquier estómago. Camino a La Biela, Mavrakis me contestó algo divertido: “Verla a esa ridícula, jugando a la Erwin Rommel de cotillón ante los mapas de los incendios que nos sofocan, también es perjudicial para cualquier estómago, mi queridísimo amigo”».
«No es la primera vez que la Presidenta Ignoranta antepone al caos de su gestión el egoísmo de la fantasía de la renuncia. La señora es incapaz de más. Ni la automedicación, ni el shopping, ni siquiera su novísima adicción a las agujas con toxina botulínica se lo hacen olvidar. La especulación del propio Kirchner, caballeros, es la de presentarse, por sobre el fracaso de su mujer, como el salvador. Kirchner, convertido en el Duhalde de De La Rúa. En cuestión de semanas, tal vez de meses, pero nunca más allá del año 2011. Año que a la Presidenta Ignoranta le queda tan lejos como lo imposible».
«Pero paso a hablarles de aquello que me pide el caballero del barbijo y la corbata de seda colorada. En medio del fracaso en las negociaciones gubernamentales con los productores agropecuarios, la Presidenta Ignoranta vuelve a la estrategia de la desacreditación pública. Insiste en remacar, desde el fondo de esos labios inflamados, que los culpables del humo que enerva la paciencia (de quienes saben que pueden voltear al gobierno con sus cacerolas) son los grandes productores agropecuarios. La Presidenta Ignoranta repite la lógica de la agresión no como si antes hubiera perdido, sino como si antes hubiese ganado. La Presidenta Ignoranta es incapaz de aprender».
«El 50 % de los campos en llamas son tierras fiscales, entregadas con el beneplácito del Presidente Kirchner a empresarios amigos. Por la negligencia del después del fuego y la corrupción del antes del fuego, el Kirchnerato es el culpable de la intoxicación de millones de porteños. El 50 % de los campos en llamas son tierras fiscales, entregadas con el beneplácito del Presidente Kirchner a empresarios amigos. ¿Dirá la Presidenta Ignoranta, esta semana, que millones de porteños merecen intoxicarse por haber apoyado al campo hace unas semanas? ¿Pensará que millones de porteños merecen intoxicarse por su apoyo “a la misma Sociedad Rural que apoyó el golpe militar de 1976? ¿La asesorarán las Madres y Abuelas Accionistas de Plaza de Mayo a la Presidenta Ignoranta, para decirle, en medio de un trance místico subvencionado, que el humo que ahoga a los “porteños golpistas de hoy” es enviado desde el más allá por “los treinta mil desaparecidos de ayer”?».
«En una sola semana, el Kirchnerato intoxicó a más personas y de peor manera que toda la papelera uruguaya Botnia. La única diferencia es que el gobierno uruguayo no coloca como funcionarios a los corruptos responsables del desastre ecológico. El Kirchnerato sí. Romina Picolotti contrató a cinco centenas de “asesores” en la Secretaría de Ambiente de la Nación. Ninguno de sus “ecologistas” hizo nada por los incendios durante los primeros diez días de desastre».
«La Presidenta Ignoranta se fugó al Calafate durante la última Semana Santa. No quería escuchar el reclamo del campo, ni quería perder sesiones de botox escuchando, aquel último 24 de marzo, discursos tediosos sobre los guerrilleros muertos que de vivos jamás tuvo cerca. Esta semana, durante el humo tóxico de los incendios en Buenos Aires, optó por quedarse. Irse otra vez puede ser su último acto de gobierno o de vida. Ahora, la señora pone la cara. Por eso la tiene inflamada por el botox casi hasta la monstruosidad. Es un signo de su compromiso».
El Especialista y Mavrakis se levantan despacio.
Sin despedirse, se retiran de La Biela.
Dos colaboradores llevan en sus brazos a Cipriano y Carino.
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existencia decorativa
Abro mi casilla de correo.
Mi amadísima Muñequita vuelve a escribirme.
"Están acostumbrados a verme en programas que tienen que ver con el cuidado de la mujer y la salud. Estuve al frente de `Belleza de mujer´ donde ganamos tres premios Martín Fierro. Luego hice un programa que comenzó con el boom de las cirugías y que se llamó "Veinte años menos". Este año me van a ver en un programa totalmente diferente . `Pintura decorativa´ es un desafío para mí y un ciclo exitoso que hace muchos años que está en este canal y que es la primera vez que va a tener una presentadora, con la presencia de artistas plásticas de nuestro país que recién comienzan y participan en exposiciones de cuadros. Y en breve comenzaré con un programa de autoayuda para la mujer que quiera sentirse plena".
Siempre he confiado en tu olfato para detectar el arte más refinado desde los programas televisivos más esenciales, mi amadísima Muñequita. Es uno de los infinitos rasgos que te distinguen de otras mujeres de la televisión, un aparato que omito encender bajo todo punto de vista, en especial cuando exhiben a esa prostituta de tan poco gusto y que tanto te envidia, Muñequita. Creo que su apellido es González. Y su nombre, Araceli.
Mi amadísima Muñequita vuelve a escribirme.
"Están acostumbrados a verme en programas que tienen que ver con el cuidado de la mujer y la salud. Estuve al frente de `Belleza de mujer´ donde ganamos tres premios Martín Fierro. Luego hice un programa que comenzó con el boom de las cirugías y que se llamó "Veinte años menos". Este año me van a ver en un programa totalmente diferente . `Pintura decorativa´ es un desafío para mí y un ciclo exitoso que hace muchos años que está en este canal y que es la primera vez que va a tener una presentadora, con la presencia de artistas plásticas de nuestro país que recién comienzan y participan en exposiciones de cuadros. Y en breve comenzaré con un programa de autoayuda para la mujer que quiera sentirse plena".
Siempre he confiado en tu olfato para detectar el arte más refinado desde los programas televisivos más esenciales, mi amadísima Muñequita. Es uno de los infinitos rasgos que te distinguen de otras mujeres de la televisión, un aparato que omito encender bajo todo punto de vista, en especial cuando exhiben a esa prostituta de tan poco gusto y que tanto te envidia, Muñequita. Creo que su apellido es González. Y su nombre, Araceli.
Etiquetas: Medios, Mitre, Staff
15.4.08
kirchnerato y mediocracia: el vilipendio como maquillaje
“Entonces en qué quedamos. ¿De cartoneros a tacheros? Pero digamé, señor Mavrakis, digamé usted. ¿Pero cuándo les van a dar a esas mierdas de cartoneros un tiro a cada uno en la nuca, eh? Porque digamé, señor Mavrakis, ¿no es cierto que peor mierda que ser cartonero es ser un tachero? ¿No es cierto, no es?”
-Un garçon de La Biela-
-Un garçon de La Biela-
Llega sobre la hora.
Con un pequeño cuadernito azul, debidamente anotado.
El Especialista pide una lágrima.
No demora su exposición ningún segundo de más.
Final de la verosimilitud
«La operatividad de la propaganda, su llana efectividad, reside en su capacidad de reciclado. El valor profiláctico de la nómina de propagandistas mediáticos, caballeros –aunque también sé que algunos de ustedes se sienten legítimas damas–, reside, como el de cualquier entidad profiláctica, en la permanencia, ad eternum, de su capacidad de uso y cesación. Y en el caso del Grupo Clarín, que como los Derechos Humanos y la Ilusión de Progresismo se vendieron a precio de saldo para sustentar la ficción política del Kirchnerato, el exceso del uso había comenzado a darle, en especial después de la Rebelión de la Santa Oligarquía, una peligrosa cabida a la instancia de cesación. En otras palabras, caballeros, la obsecuencia mediática del Grupo comenzaba a trepar las cimas peligrosas de su propia parodia. En definitiva: los bordes finales de la mínima verosimilitud».
Verfremdungseffekt
«Entre la escenificación de un teatro peronista de Néstor Kirchner y la escenificación de un teatro épico de Bertolt Brecht, se impone el punto en común de la conciencia de la falsedad flagrante del falso carácter de toda representación. El Kirchnerato no es democrático, ni popular, ni peronista. Tampoco es progresista, ni revisionista. El apoyo de los gobernadores, el calor de las masas embanderadas, los sujetos que marchan en su nombre por las calles porteñas: nada de eso es real, nada, caballeros, es real. Todo se sostiene –ya nadie lo ignora– a través de una desequilibrada red de pagos. Verfremdungseffekt ante el que el Grupo Clarín, con comprada disciplina, asumió el compromiso de insuflar tufillos de verosimilitud. Por supuesto, caballeros, la verosimilitud es módica. Incluso por razones de carencia en el área de sus propios cuadros propagandísticos. Ni un inimputable Boneli, ni un intrascendente Silvestre, ni un insignificante Van Der Kooy pueden insuflarle, a nada, mucho más que su propio tedio. De todos modos, caballeros, y tal vez por eso mismo, el Kirchnerato precisó reavivar, para apantallar un poco más la ceniza pálida de su ficción política, otra ficción, todavía más apagada: la ficción crítica. ¿Pero cómo se montó esta operación, señoras y señores?»
El vilipendio como mutuo maquillaje
«Mediante el vilipendio pactado del cuadro más dinámico y representativo de la decadencia del Kirchnerato. Fue entonces Luis D´Elía, del ya estudiado GTK, el encargado, por orden oficial, de vilipendiar al Grupo Clarín. Durante el programa con mayores veleidades de “periodismo”, en el canal “informativo” del Grupo, D´Elía pegó a medida, sólo para habilitar la fantasía del contragolpe. Cuando Néstor Kirchner ordena el vilipendio del Grupo, caballeros, en realidad, le está otorgando al Grupo, que lleva en su bolsillo, el servicio de una “lavada de cara”. Demasiado contaminado de obsecuencia, ante el Kirchnerato, había quedado, después de la Rebelión de la Santa Oligarquía, el Grupo Clarín. Demasiado para poder seguir distribuyendo las dosis rentadas de “periodismo independiente” a lo largo y a lo ancho de todas la venas de su "monopolio" informativo en el país. La necesidad mutua, caballeros, incluso de carácter urgente, entre Kirchner y Clarín, era la de un conflicto. Un roce calculado que sirviera para legitimar niveles adecuados de “progresismo” para un gobierno en caída que, todavía, apela a la carta ya demasiado gastada de la “batalla contra las corporaciones y los monopolios” –corporaciones y monopolios que, por otro lado, ha ayudado y ayuda a crecer–, y niveles adecuados de “independencia” para un periodismo en caída que, todavía, apela a la carta ya demasiado gastada del “compromiso con la verdad y la opinión libre” –compromiso y verdad que, por otro lado, se ha vendido y se vende al mejor postor-. Bajo la mutua ficción de un Gobierno "que es operativo" y de un Periodismo "que es observador", los roles se reducen a meros episodios de carácter puramente onanista».
«El círculo se cerraría con mutuo saldo a favor. Si no fuese por la obviedad infantil de la maniobra. Por su alevosía grosera. El vilipendio del D´Elía de Kirchner al Grupo Clarín, damas y caballeros, repite la lógica del cautiverio violento de la Plaza de Mayo en Buenos Aires. En la medida en que la Plaza permanezca cautiva del piqueterismo subvencionado, la Plaza, sin voces críticas reales, seguirá muda. En la medida en que la victimización post-vilipendio reubique al Grupo Clarín tras la máscara de “medio crítico”, el Kirchnerato se asegurará que ni el verdadero periodismo ni las verdaderas críticas se arrimen al escenario real de la opinión masiva. Gatopardismo tan elemental, damas y caballeros, que hasta apena que, para verlo, haya que pagar la cuota de cualquiera de los servicios de cable pertenecientes, siempre, al Grupo Clarín».
Llega la hora.
Toma el pequeño cuadernito azul, debidamente anotado.
El Especialista despide la taza de su lágrima.
No demora su partida ningún segundo de más.
Con un pequeño cuadernito azul, debidamente anotado.
El Especialista pide una lágrima.
No demora su exposición ningún segundo de más.
Final de la verosimilitud
«La operatividad de la propaganda, su llana efectividad, reside en su capacidad de reciclado. El valor profiláctico de la nómina de propagandistas mediáticos, caballeros –aunque también sé que algunos de ustedes se sienten legítimas damas–, reside, como el de cualquier entidad profiláctica, en la permanencia, ad eternum, de su capacidad de uso y cesación. Y en el caso del Grupo Clarín, que como los Derechos Humanos y la Ilusión de Progresismo se vendieron a precio de saldo para sustentar la ficción política del Kirchnerato, el exceso del uso había comenzado a darle, en especial después de la Rebelión de la Santa Oligarquía, una peligrosa cabida a la instancia de cesación. En otras palabras, caballeros, la obsecuencia mediática del Grupo comenzaba a trepar las cimas peligrosas de su propia parodia. En definitiva: los bordes finales de la mínima verosimilitud».
Verfremdungseffekt
«Entre la escenificación de un teatro peronista de Néstor Kirchner y la escenificación de un teatro épico de Bertolt Brecht, se impone el punto en común de la conciencia de la falsedad flagrante del falso carácter de toda representación. El Kirchnerato no es democrático, ni popular, ni peronista. Tampoco es progresista, ni revisionista. El apoyo de los gobernadores, el calor de las masas embanderadas, los sujetos que marchan en su nombre por las calles porteñas: nada de eso es real, nada, caballeros, es real. Todo se sostiene –ya nadie lo ignora– a través de una desequilibrada red de pagos. Verfremdungseffekt ante el que el Grupo Clarín, con comprada disciplina, asumió el compromiso de insuflar tufillos de verosimilitud. Por supuesto, caballeros, la verosimilitud es módica. Incluso por razones de carencia en el área de sus propios cuadros propagandísticos. Ni un inimputable Boneli, ni un intrascendente Silvestre, ni un insignificante Van Der Kooy pueden insuflarle, a nada, mucho más que su propio tedio. De todos modos, caballeros, y tal vez por eso mismo, el Kirchnerato precisó reavivar, para apantallar un poco más la ceniza pálida de su ficción política, otra ficción, todavía más apagada: la ficción crítica. ¿Pero cómo se montó esta operación, señoras y señores?»
El vilipendio como mutuo maquillaje
«Mediante el vilipendio pactado del cuadro más dinámico y representativo de la decadencia del Kirchnerato. Fue entonces Luis D´Elía, del ya estudiado GTK, el encargado, por orden oficial, de vilipendiar al Grupo Clarín. Durante el programa con mayores veleidades de “periodismo”, en el canal “informativo” del Grupo, D´Elía pegó a medida, sólo para habilitar la fantasía del contragolpe. Cuando Néstor Kirchner ordena el vilipendio del Grupo, caballeros, en realidad, le está otorgando al Grupo, que lleva en su bolsillo, el servicio de una “lavada de cara”. Demasiado contaminado de obsecuencia, ante el Kirchnerato, había quedado, después de la Rebelión de la Santa Oligarquía, el Grupo Clarín. Demasiado para poder seguir distribuyendo las dosis rentadas de “periodismo independiente” a lo largo y a lo ancho de todas la venas de su "monopolio" informativo en el país. La necesidad mutua, caballeros, incluso de carácter urgente, entre Kirchner y Clarín, era la de un conflicto. Un roce calculado que sirviera para legitimar niveles adecuados de “progresismo” para un gobierno en caída que, todavía, apela a la carta ya demasiado gastada de la “batalla contra las corporaciones y los monopolios” –corporaciones y monopolios que, por otro lado, ha ayudado y ayuda a crecer–, y niveles adecuados de “independencia” para un periodismo en caída que, todavía, apela a la carta ya demasiado gastada del “compromiso con la verdad y la opinión libre” –compromiso y verdad que, por otro lado, se ha vendido y se vende al mejor postor-. Bajo la mutua ficción de un Gobierno "que es operativo" y de un Periodismo "que es observador", los roles se reducen a meros episodios de carácter puramente onanista».
«El círculo se cerraría con mutuo saldo a favor. Si no fuese por la obviedad infantil de la maniobra. Por su alevosía grosera. El vilipendio del D´Elía de Kirchner al Grupo Clarín, damas y caballeros, repite la lógica del cautiverio violento de la Plaza de Mayo en Buenos Aires. En la medida en que la Plaza permanezca cautiva del piqueterismo subvencionado, la Plaza, sin voces críticas reales, seguirá muda. En la medida en que la victimización post-vilipendio reubique al Grupo Clarín tras la máscara de “medio crítico”, el Kirchnerato se asegurará que ni el verdadero periodismo ni las verdaderas críticas se arrimen al escenario real de la opinión masiva. Gatopardismo tan elemental, damas y caballeros, que hasta apena que, para verlo, haya que pagar la cuota de cualquiera de los servicios de cable pertenecientes, siempre, al Grupo Clarín».
Llega la hora.
Toma el pequeño cuadernito azul, debidamente anotado.
El Especialista despide la taza de su lágrima.
No demora su partida ningún segundo de más.
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