16.2.07

 

el Gordo Gostanián analiza el affaire "Bolivia Construcciones"


Premio asegurado
Respecto al plagio de la novela Bolivia Construcciones, el
Gordo Gostanián me comentaba anoche, en el Tortoni, que le parece, como de costumbre, una torpeza literaria -¿una torpeza o una pobreza, dijo?- acudir al plagio. Sencillamente porque, para jugar de manera más o menos diestra con la aparatología crítica literaria más refinada, con las sutilezas de la intertextualidad, digamos, o la escritura permanente; con la fuga del sentido o, si se quiere, la reescritura infinita, hay que ser, por lo menos, como mínimo, un genio. Como, digamos, Borges.

Y agregaba, el
Gordo Gostanián, un detalle interesante. El dato de que al premio de novela de La Nación, lo auspiciaba, sobre todo, la omnipotente aseguradora Zurich. Especializada, a fuerza de repetición, en el arte etéreo pero férreamente pertinaz de esquivar, bajo lícitos intereses monetarios, mentiras, fraudes y buzones varios. Sobre todo, cuando coloca en juego la moneda y el nombre propio (una edición particular de la novela premiada por la empresa fue regalada a todos sus empleados: imaginad el papelón ante una tropa de trabajadores especializados que viven de salvar a la gran aseguradora de caer en las mentiras y quimeras de miles de clientes alrededor del mundo).

Decía el Gordo, entonces: ¿Será el niño lector del diario de
Bartolomé Mitre, ese percudido, un vocero de alguna importante aseguradora que quiere recuperar la moneda pero, sobre todo, su prestigio rifado, al pedo, públicamente? Porque –se preguntaba el Gordo, mientras devoraba macitas secas-, ¿puede ser posible que alguien tan joven lea no sólo una novela mala, como Bolivia Construcciones, si no también la otra, la “original”, Nada, de Laforet? “Porque que te conste, mi querido M., que una y otra son, debés saberlo, novelas intrascendentes. A lo sumo, pasatistas”.

Rain Man
En el país donde los albañiles se autosecuestran y tienen como vocero a sus esposas, quién sabe, tal vez algún cuadro gerencial de alguna importante aseguradora haya deslizado, con sobriedad, el dato necesario a algún infante desprevenido. De esos que hacen que, cartita de por medio, el dinero mal invertido regrese a las arcas correspondientes. Sutilezas que escapan a la simple aparición arbitraria de un Rain Man cualquiera. “Y más terrible, M., que haber leído dos bodrios, es memorizarlos. Aquel Funes, el memorioso, del amigo Borges, se queda corto. Y vos, que algunos libros de Borges leíste, sabrás que Funes, el querido Funes, no era precisamente la encarnación ni la metáfora de ninguna genialidad. Más bien todo lo contrario. Me ensaño porque los memoriosos suelen ser cretinos irrecuperables. Tipos capaces de memorizar la guía entera, pero incapaces de escribir correctamente el nombre propio en un papel. Rain Mans ideales para un programita de Sofovich”.

Diferencias en el criterio
Sin embargo, lo más interesante que dijo el Gordo, antes de pagar la cuenta, es lo que vale la pena repetir ahora: el error de criterio entre quienes otorgan premios, quienes compran libros y quienes entienden de libros.

Que es la diferencia de criterio –siempre- entre el Mercado y la Academia. Porque, como dijo el
Gordo Gostanián, las grandes empresas premian la Cultura en tanto y en cuanto ésta abra nuevos mercados. Esto es: en tanto y en cuanto invente nuevas mercancías. Porque se premia, ante todo, la capacidad de crear algo nuevo. Rentable y nuevo.

Y los lectores, por otro lado, esperan invertir su dinero, precisamente, en mercancías nuevas. “Es otra gran torpeza limitar la discusión del plagio a la crítica literaria: de lo que se trata, M., es del derecho inalienable que tienen los consumidores a reclamar cuando son estafados”, decía
el Gordo. “Y si yo gasto mi dinero en una mercancía, espero que esa mercancía se ajuste a los parámetros del resto de las mercancías. Nadie quiere comprar ropa vieja en un shopping, querido M. Nadie quiere comprar el MS-Office 2007 para averiguar después que se trata del mismo que el del año 1995, con los íconos de otro color. Por eso, mi querido M., nadie que vaya a comprar un libro sólo porque acaba de ganar un premio quiere comprar un libro viejo. Y lo que es más decisivo: tampoco nadie que vaya a otorgar una moneda en un concurso literario va a esperar rifarla al mejor ladrón. Sencillamente porque, el afano, por justificable que sea en Puán, no se aplica a la lógica de los consumidores. Que es, espero que te quede claro, la lógica de quienes otorgan premios y la de quienes consumen libros premiados. Todo lo demás, son discusiones académicas de intramuros. Vericuetos de iniciados que, como les corresponde, desprecian los premios que jamás ganarán, y dudan del Mercado en el que, saben, jamás colocarán una mercancía propia que valga la pena”.

“El premio Zurich-La Nación, en definitiva, ha demostrado ser un premio que galardona la creatividad más radical. Para el año 2007, entonces, queda establecido que no vale “afanar”, por más Barthes, Derrida y Foucault que se invoque”. Y ahora, M. querido, te invito a pagar la cuenta.

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Comments:
Usuario Anonimo:Otra muy buena nota,es cierto,es sospechoso ...
 
Obsecuente.
 
Usuario Anonimo:Digale a su terapeuta que trabaje transaccionalmente el cortocircuito entre Adulto y Padre que a veces aflora.Del Niño ni hablemos ,todavia sigue fijado del pirulin.
 
El Gordo no es un padre, es un amigo que da consejos. De las pocas personas que tiene clarísimas las diferencias entre campo cultural y góndola de supermercado.

De niños fijados al pirulín, tratan los post del corresponsal en Punta del Este.
 
Y... a mi me parecía que había Padre encerrado en el Niño, del Adulto...ni aparece. Hombre grande este zuriche. Que no se diga.
 
maSitas va con S
 
No para el Gordo.

¿Nadie va a pedir la tapa del libro editado por la mismísima Zurich? Yo tengo un ejemplar en mi poder. Esas son observaciones.
 
Usuario Anonimo:Como decia educadamente el Manual de Urbanidad del Dr. Carreño,no hay que desairar al dueño de casa,postea la tapa dilecta,muchacho,posteala como dirian en Verano Azul!!
 
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